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El debate sobre la Ley de Tierras Rurales vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública argentina. La norma rige en todo el territorio nacional. Para establecer un parámetro uniforme, toma como referencia la zona núcleo agrícola, fijando un límite de 1.000 hectáreas. A partir de esa base, se definieron equivalencias para las distintas regiones del país, de modo que cada zona se compara con la productividad de la zona núcleo.

El supuesto objetivo fue preservar la soberanía nacional y evitar la extranjerización de grandes extensiones, especialmente en regiones estratégicas.

El Poder Ejecutivo anunció que en los próximos días remitirá al Congreso de la Nación un paquete de reformas legislativas orientadas a “fortalecer la propiedad privada”. Entre las iniciativas figura la Ley de Tierras Rurales, sancionada en 2011 durante el kirchnerismo.

La norma fue derogada en diciembre de 2023 por el decreto 70 del presidente Javier Milei, aunque su aplicación quedó suspendida por una decisión judicial. Ahora, el debate se reabre en el ámbito legislativo, con expectativas en el sector agropecuario.

En este contexto, Federico Nordheimer, titular de Nordheimer Campos y Estancias, aportó su mirada sobre el mercado inmobiliario rural y el impacto que podría tener una eventual flexibilización de la normativa. “El debate sobre la modificación de la Ley de Tierras vuelve a poner sobre la mesa uno de los temores más arraigados del imaginario argentino: que los extranjeros vengan a comprarnos el campo. Es un miedo comprensible, con raíces históricas y culturales profundas, pero quienes trabajamos día a día en el mercado inmobiliario rural sabemos que la realidad del sector cuenta una historia bastante diferente”, señaló.

En el mercado inmobiliario rural, los operadores coinciden en que la actividad se mantiene dinámica, con fuerte presencia de inversores locales. Las operaciones recientes de grupos nacionales confirman que el empresariado argentino conserva capacidad y voluntad de invertir en tierra, incluso en un contexto de incertidumbre macroeconómica. “El 95% de las operaciones son realizadas por argentinos y apenas un 5% por extranjeros, que en general ya tenían algún vínculo previo con el país. No es que vinieron de la nada a comprar”, explicó Nordheimer.

Más allá de ese protagonismo local, especialistas advierten que la eventual flexibilización de la Ley de Tierras podría abrir un espacio genuino para el capital extranjero en proyectos de largo plazo y alta inversión. Se trata de iniciativas como el desarrollo de zonas con riego o la implantación de cultivos permanentes —pistachos, almendros, nogales— o forestales que requieren entre cinco y diez años hasta alcanzar la primera cosecha rentable. En esos segmentos, la Argentina cuenta con tierra y condiciones agroclimáticas favorables, pero enfrenta una limitación recurrente: la falta de capital paciente dispuesto a esperar retornos diferidos.

Nordheimer agregó: “Los extranjeros que llegan lo hacen con capital fresco y con la idea de obtener una renta. Muchas veces esperan un 3,5% anual, pero el campo argentino puede rendir más. Además, esas inversiones demandan mano de obra, técnicos, infraestructura y generan un círculo virtuoso que agranda la torta productiva. Eso nos puede llevar a dejar de ser meros exportadores de granos para pasar a exportar valor agregado”.

El financiamiento aparece como la principal traba para inversiones de este tipo. El riego y la implantación de cultivos permanentes requieren desembolsos significativos: entre 15.000 y 25.000 dólares por hectárea en el caso de pistachos o nogales, y entre 3.000 y 4.000 dólares por hectárea en forestales. Para un productor individual, esos montos resultan difíciles de afrontar, mientras que para fondos internacionales especializados en agronegocios representan una inversión manejable dentro de su cartera global.

Finalmente, Nordheimer subrayó que “los grandes fondos institucionales que pueden venir a la Argentina no trabajan solos: se asocian con administradores y productores locales. No traen todo su equipo de afuera, sino que buscan alianzas con actores argentinos. Eso asegura que el desarrollo se haga con conocimiento local y que los beneficios se distribuyan en la economía nacional”.

A diferencia de años anteriores donde la inflación, los buenos precios de los granos y la amplia brecha cambiaria generaban una gran demanda por arrendar campos, 2024 fue el primer año donde no hubo un aumento en los precios de los alquileres en el mercado inmobiliario rural. La riqueza del campo argentino y las buenas expectativas para nuevas políticas económicas generan un ambiente propicio para la estabilidad.

El campo argentino se encuentra en un momento de renovado interés, caracterizado por un aumento en la demanda y consultas por propiedades rurales, especialmente aquellas dedicadas a la producción agrícola. De acuerdo con cifras dadas por la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR) los valores de las propiedades presentaron entre un 10 y 15% de aumento, se incrementaron la visitas, se encontraron nuevos demandantes y uno de los datos más llamativos fue que: los arrendamientos mantuvieron sus valores, a pesar de que con la devaluación de diciembre los márgenes agropecuarios se redujeron drásticamente

“Este 2024 ha sido un año atípico en el mercado inmobiliario rural, por primera vez no hubo un aumento en los precios de los alquileres, veníamos con una seguidilla de 3 ó 4 años donde cada año aumentaba un 10 ó 15% el precio del alquiler, y este 2024, hasta ahora, se mantuvo estable. Una de las principales razones de esta situación es que si bien algunos abandonaron los campos porque no ratificaban el precio que le pedían, nuevos inversores si estaban dispuestos a pagar ese precio. Lo que quiere decir que el mercado estuvo activo y demandado a nivel de alquileres, sobre todo porque hay mucha demanda de campo agrícola.” señaló Federico Nordheimer, Presidente de Nordheimer Campos y Estancias.

 

Hoy, el alquiler de propiedades agrícolas presenta ventajas tanto para propietarios como para inquilinos. Los propietarios pueden obtener un ingreso estable, sin riesgos, al mismo tiempo que diversifican su cartera de inversiones, mientras que los inquilinos buscan  acceder a mayor cantidad de tierras productivas, sin necesidad de realizar una inversión inicial significativa, para poder hacer mayor economía de escala y reducir los costos de producción. El alquiler permite a los productores agrícolas ajustar su escala de producción en función de las condiciones del mercado, lo que les brinda una mayor flexibilidad y resiliencia.

“Actualmente, el perfil de quienes están alquilando campos en Argentina es diverso, sin embargo, son los productores locales quienes principalmente alquilan propiedades rurales. Argentina es un país con más de 150 años de tradición agropecuaria y muy rico, no solo por calidad de tierra o clima, sino también por el productor agropecuario, es muy bueno y eso influye al momento de arrendar una propiedad. En cada rincón del país, hay un muy buen productor agropecuario.” agregaron desde Nordheimer Campos y Estancias.

Argentina se posiciona como una de las mejores opciones para invertir en campos agrícolas, la fertilidad de sus tierras, un clima favorable para una amplia variedad de cultivos, una infraestructura muy desarrollada en comparación con el resto de la región, su extensa tradición agrícola y las expectativas por nuevas políticas económicas, fomentan la inversión en el sector. Además, el entorno macroeconómico y sociopolítico a nivel mundial, aunque desafiante, está creando un escenario donde las inversiones en tierras agrícolas se perciben como refugios seguros frente a las fluctuaciones del mercado financiero.

A largo plazo, se espera que el mercado inmobiliario rural en Argentina continúe mostrando signos de estabilidad en cuanto a los alquileres. No obstante, la capacidad del sector para mantener precios estables dependerá en gran medida de la evolución de la demanda y de las políticas que continúen apoyando la inversión en el campo.

Sobre Nordheimer:

Nordheimer Campos y Estancias es la Inmobiliaria del campo líder en el sector, con una amplia  trayectoria en la región. Con presencia en 6 países: Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile  y Estados Unidos, la firma cuenta con una red de 27 representantes distribuidos en toda la región, una base de datos propia de más de 40.000 contactos y una cartera de más de 500 campos a la venta.