Buenos Aires, febrero de 2026. La nutrición de las pasturas es una de las decisiones de manejo con mayor impacto sobre la producción forrajera y, en definitiva, sobre los resultados de los sistemas ganaderos. Un suelo bien nutrido permite no solo producir más pasto, sino hacerlo de manera más estable en el tiempo, con una adecuada composición de especies y mayor eficiencia en el uso de recursos clave como el agua y la radiación. Sin embargo, sigue siendo un aspecto subestimado en muchos planteos productivos.
De acuerdo con una encuesta relevada por FERTILIZAR Asociación Civil, cerca del 25% de los productores manifiesta no fertilizar nunca sus pasturas perennes, mientras que alrededor del 50% sólo las fertiliza en el año de implantación. “Esta falta de reposición de nutrientes conspira contra la persistencia y el potencial productivo de las pasturas, generando sistemas pastoriles que se degradan más rápido de lo esperado y que producen muy por debajo de su capacidad”, afirmó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de la entidad.
Por otra parte, se observa una pérdida de nutrientes en las distintas regiones (Sainz Rosas et al., 2025) asociada a un desbalance entre extracción y reposición, que tiene impactos directos en estos sistemas de producción de forraje. Además, en sistemas de producción, corte y extracción de pasto, este desbalance de nutrientes es mayor teniendo impacto directo en otros nutrientes de baja inclusión como Ca, Mg y K.
La importancia de cada nutriente
El nitrógeno (N) es el nutriente que más directamente explica la producción de biomasa, especialmente en gramíneas. Su disponibilidad condiciona la tasa de crecimiento, la velocidad de rebrote luego del pastoreo y el contenido proteico del forraje. En pasturas puras de gramíneas, verdeos o mezclas con baja participación de leguminosas, el manejo del nitrógeno es determinante para capturar altos niveles de producción de pasto.
El fósforo (P) es, en muchos casos, el principal nutriente limitante en pasturas templadas de la Región Pampeana. Un adecuado nivel de P favorece el arranque, el desarrollo radicular, el macollaje y la eficiencia en el uso de agua y radiación. Además, resulta clave para sostener la presencia de leguminosas a lo largo del tiempo, cuyo aporte de nitrógeno constituye el principal aporte de proteínas en la dieta animal, representando un motor biológico de este sistema.
Cuando el fósforo escasea, la leguminosa suele resignar competitividad y la productividad y calidad del recurso forrajero cae de manera marcada. “Si, aunque suene complicado, el fósforo mejora la performance de las leguminosas que fijan el nitrógeno del aire, y se transforman en la fuente de proteínas de la dieta de los animales”, recalcó Ciarlo.
El azufre (S), muchas veces relegado, también cumple un rol central tanto en la cantidad como en la calidad del forraje producido. Está directamente vinculado a la síntesis de proteínas y a la eficiencia de uso del nitrógeno. Deficiencias de azufre limitan las respuestas a la fertilización nitrogenada y reducen el valor nutritivo del pasto, aun cuando otros nutrientes se encuentren en niveles adecuados.
El gran desafío pendiente en los pastizales naturales
Esta baja adopción de la fertilización contrasta con la importancia que tienen los pastizales naturales, una enorme fuente de recursos forrajeros en vastas zonas ganaderas del país: en más del 90% de los casos estos ambientes no reciben aplicaciones de nutrientes, desaprovechando una oportunidad concreta de mejorar su productividad, calidad y estabilidad mediante intervenciones estratégicas, de alto impacto y con gran margen de repago.
En el contexto actual, el incremento de los precios de la carne, mejora en la relación insumo/producto y un aumento en la inversión en genética de los rodeos, definen un escenario favorable para incrementar la tecnología y el uso de fertilizantes en las pasturas.
No diagnosticar correctamente la oferta de nutrientes del suelo y no ajustar las dosis de fertilización implica resignar, por lucro cesante, una parte importante de una rentabilidad potencial que muchas veces está ´escondida´ en el crecimiento de las pasturas y verdeos. “Medir, diagnosticar y nutrir de manera balanceada son las rutas más directas para transformar recursos en forraje, y forraje en kilos de carne y litros de leche”, concluyó Ciarlo.
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