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Buenos Aires, lunes 20 de abril de 2026– Con una amplia convocatoria, el jueves 16 de abril se realizó la segunda edición de Pulverización Inteligente, un encuentro que volvió a posicionar en agenda la necesidad de profesionalizar las aplicaciones en el agro.

La jornada fue organizada por la Fundación Benet, la Mesa de BPA de Entre Ríos y el Ministerio de Desarrollo Económico de Entre Ríos, y reunió a más de 400 asistentes entre asesores técnicos, ingenieros agrónomos, aeroaplicadores, aplicadores y operadores de drones; y representantes de organismos públicos y privados. Participaron además instituciones como el SENASA, el INTA y la FAO, consolidando el evento como un espacio de articulación técnica e institucional.

Capacitación y conocimiento en el centro de la escena

Durante el encuentro, los especialistas coincidieron en que mejorar la calidad de aplicación no depende solo de la tecnología, sino de incorporar herramientas de gestión, capacitación continua e información permanente. En ese sentido, se destacó la necesidad de una mirada integral que contemple a todos los actores involucrados, desde operarios hasta comunidades y organismos de control.

“El desafío es capacitarse, generar y compartir conocimiento”, sostuvo Ezequiel Baus, Presidente de la Fundación Benet, al remarcar el eje central de la jornada.

Nuevas herramientas y formación técnica

En el marco del evento se presentó Agroformar, una plataforma de capacitación abierta que permite acceder a contenidos técnicos de manera libre y gratuita, con el objetivo de mejorar las prácticas de aplicación.

Además, se anunció la creación del primer Centro de Instrucción de Drones en Urdinarrain, que estará a cargo de la Fundación Benet con el apoyo de Drones VIP, ampliando las posibilidades de formación presencial para operarios y empresas.

El problema de fondo: se mide poco y se aplica mal

Uno de los ejes más relevantes de la jornada fue la presentación del informe del Programa de Mejora del Grupo APC, que expuso una realidad preocupante: el 70% de los aplicadores no mide sus pulverizaciones.

Este dato explica gran parte de las fallas en la calidad de aplicación, ya que sin medición no es posible ajustar variables clave como cobertura, tamaño de gota o volumen aplicado.

Tecnología disponible, pero subutilizada

El informe también dejó en claro que el sector cuenta con tecnología avanzada, pero esto no se traduce necesariamente en mejores resultados. “Hoy el desafío ya no es acceder a la tecnología. El desafío es usarla con criterio”, fue una de las definiciones centrales que atravesó la jornada.

En el informe, se detectan grandes diferencias en los índices de calidad entre aplicaciones terrestres, aéreas y con drones, incluso con niveles bajos en tratamientos de herbicidas, fungicidas e insecticidas, lo que impacta directamente en la eficiencia productiva y los costos.

Tres pilares para mejorar las aplicaciones

Desde el Programa APC se planteó un enfoque basado en tres ejes fundamentales: el conocimiento, el estado del equipo y la medición a campo. Este último punto se vuelve clave, ya que herramientas como las tarjetas hidrosensibles permiten evaluar la calidad real de cada aplicación y tomar decisiones basadas en datos.

La jornada dejó una conclusión clara: no existe una única herramienta que garantice buenos resultados, sino una estrategia inteligente que combine tecnología, conocimiento y objetivos claros. Cuando estos elementos se aplican correctamente, los resultados pueden alcanzar niveles de calidad cercanos al 100%, demostrando que el problema no es la tecnología, sino su uso.

Acerca de la Fundación Benet

La Fundación Benet nace del espíritu de colaboración entre distintos actores del agro, con la misión de integrar innovación, conocimiento y sustentabilidad en los procesos productivos. Su propósito es fortalecer una agricultura más responsable, eficiente y colaborativa, generando soluciones colectivas para los desafíos actuales y futuros del sector.

https://www.fundacionbenet.org/

Un nuevo informe de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) advierte que las enfermedades animales están avanzando sobre regiones donde antes no estaban presentes y que casi el 50 % representa una amenaza directa para la salud de las personas1. El cambio climático y la degradación ambiental producida por el hombre actúan como aceleradores de este fenómeno, alterando los hábitats naturales y en consecuencia aumentando la probabilidad de brotes y pandemias de origen animal3.

Este estudio complementa el publicado en 2022 en Science Advances, que concluyó que el 9 % de la superficie terrestre mundial ya se encuentra en riesgo “alto o muy alto” de brotes zoonóticos impulsados por factores climáticos. Regiones que hasta hace poco estaban libres de estas patologías se han convertido en entornos aptos para su transmisión4.

La primera consecuencia directa de esta situación es económica: más del 20 % de las pérdidas globales en producción de alimentos se deben a enfermedades provenientes del mundo animal5. En Argentina, según la Cámara Argentina de la Industria de Productos Veterinarios (Caprove), estas patologías generan pérdidas anuales equivalentes a alrededor de $60.000 millones de pesos, afectando la producción de proteínas de calidad y el acceso de la población a alimentos seguros6. “Este impacto económico convierte a la prevención en un tema clave de políticas públicas y seguridad alimentaria”, afirma Francisco Nacinovich, jefe de Infectología del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), cofundador y exdirector de Investigación en Resistencia a los Antibióticos (INVERA).

La segunda tiene efectos directos en materia de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 60 % de las enfermedades infecciosas humanas tienen origen animal y el 75% de las enfermedades emergentes son zoonosis, es decir, transmitidas de animales a personas5. Como indica Tomás Orduna, exjefe del Servicio de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital F. J. Muñiz de Buenos Aires, en el país, éstas “constituyen una amenaza activa en latente expansión: la rabia persiste en murciélagos y requiere mantener la vacunación en mascotas; el riesgo de contraer leptospirosis, que se transmite a través de la orina de ratas o perros infectados, es alto en las grandes ciudades, y la leishmaniasis visceral canina ya está presente en nueve provincias y puede ser mortal para humanos”. La vigilancia, la vacunación y el cuidado ambiental son estrategias centrales para frenar su avance. También es clave promover el uso responsable de antimicrobianos en medicina humana y veterinaria, tanto para tratar infecciones diagnosticadas como para evitar su uso preventivo indiscriminado en animales sanos, ya que esto favorece el desarrollo y la diseminación de resistencia a antibióticos entre especies, lo que compromete el control efectivo de infecciones zoonóticas7.

Cambio climático como catalizador

El cambio climático y la degradación ambiental producto de la actividad del hombre están potenciando la aparición y propagación de enfermedades de origen animal. La modificación de hábitats naturales a causa de factores humanos como la deforestación y el uso excesivo de los recursos hídricos aumenta la vulnerabilidad de las especies hacia los virus y provoca el desplazamiento de especies portadoras —como murciélagos y roedores— hacia zonas habitadas por personas, aumentando el riesgo de transmisión.

La Organización Panamericana de la Salud señala que estas fuerzas se combinan con la urbanización no planificada, la invasión de zonas selváticas, el uso indiscriminado de la tierra y el agua y factores socioeconómicos que influyen en la dinámica de las enfermedades infecciosas8. Las consecuencias pueden ser graves si se tiene en cuenta que más del 52 % de las especies de mosquitos que transmiten virus humanos aumentan en número en áreas deforestadas, lo que potencia enfermedades como dengue, malaria y zika9.

De hecho, en América, mientras que entre 2014 y 2023 se registraron 3,8 millones de casos de chikungunya, solo en 2023 hubo más de 4,1 millones de infectados de dengue8 y, según un estudio internacional, para 2080 habrá 2.250 millones de personas más en riesgo de contraerlo10. Estas cifras ponen en manifiesto que la expansión de estos virus está asociada a la adaptación geográfica de los mosquitos que provoca el cambio climático.

Eventos extremos como lluvias intensas e inundaciones se han vinculado a brotes de leptospirosis y cólera en la región. A nivel global, una investigación publicada en Nature estima que el cambio climático podría provocar al menos 15.000 eventos de transmisión viral entre mamíferos de diferentes especies para 2070, lo que incrementa el riesgo de aparición de nuevas enfermedades zoonóticas11. El aumento de la temperatura marina también favorece la proliferación de bacterias como Vibrio cholerae y potencia la capacidad infecciosa de otras como Shigella y la Salmonella11.

Prevención y enfoque Una Salud

“Prevenir y controlar la transmisión de patógenos entre humanos y animales a través de estrategias como la vacunación, así como implementar políticas que ayuden a mitigar los efectos del cambio climático son, entre otras, medidas fundamentales para crear barreras epidemiológicas que protejan tanto a comunidades como a especies animales enteras”, destaca Edgardo Marcos, director del Instituto de Investigaciones en Epidemiología Veterinaria (IIEV UBA). Esta estrategia de prevención es central para reducir el uso de antibióticos y proteger tanto la salud humana como la animal.

La resistencia antimicrobiana (RAM) es otro desafío crítico que comparte terreno con la sanidad animal. Cada año, alrededor de 700.000 personas mueren en el mundo a causa de infecciones resistentes a medicamentos, y se estima que la cifra podría llegar a 10 millones de muertes anuales para 2050 si no se toman medidas. El 60 % de los patógenos resistentes provienen de animales, lo que subraya la necesidad de un uso prudente de antibióticos bajo supervisión veterinaria y médica, y de priorizar la prevención mediante vacunación y bioseguridad5.

Frente a este panorama, la OMSA, la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promueven que los Estados elaboren sus políticas bajo el enfoque Una Salud (One Health), un modelo que integra salud humana, animal y ambiental en una sola estrategia, articulando la medicina, la veterinaria y la gestión ambiental para anticipar brotes, reducir riesgos y proteger a las comunidades12. En un contexto donde el cambio climático multiplica los factores de riesgo, Una Salud se convierte en una herramienta esencial para garantizar sistemas productivos más seguros, alimentos inocuos y una respuesta sanitaria coordinada ante futuras crisis.

En línea con esta visión, MSD llevó adelante el encuentro “Una Salud”, en el que reunió a médicos y veterinarios para debatir sobre los desafíos actuales y la importancia de implementar este enfoque integral en la prevención de enfermedades zoonóticas y la protección de la salud pública a partir de un diálogo estratégico enfocado en innovación y prevención. “Analizar la sanidad desde una perspectiva global, entendiendo que las condiciones del medio ambiente repercuten directamente tanto en las personas como en los animales -y que las acciones humanas pueden alterar esos ecosistemas y la salud de las especies que lo habitan-, nos dará herramientas para estar mejor preparados para los desafíos que vienen”, expresó Nacinovich.

Sobre MSD

En MSD, conocida como Merck & Co., Inc., Rahway, NJ, EE. UU., en los Estados Unidos y Canadá, nos unimos en torno a nuestro propósito: utilizamos el poder de la ciencia de vanguardia para salvar y mejorar vidas en todo el mundo. Durante más de 130 años, hemos brindado esperanza a la humanidad a través del desarrollo de importantes medicamentos y vacunas. Aspiramos a ser la principal empresa biofarmacéutica de investigación intensiva del mundo, y hoy estamos a la vanguardia de la investigación para ofrecer soluciones de salud innovadoras que promuevan la prevención y el tratamiento de enfermedades en personas y animales. Fomentamos una fuerza laboral global diversa e inclusiva y operamos de manera responsable todos los días para permitir un futuro seguro, sostenible y saludable para todas las personas y comunidades. Para obtener más información, visita www.msd.com y conéctate con nosotros en (X) Twitter, LinkedIn e Instagram.

 

América Latina y el Caribe está empeñada en enfrentar y superar la más compleja crisis humanitaria, económica y social de las últimas décadas, causada por la pandemia de COVID-19. Ninguna otra región del planeta ha sido golpeada con tanta fuerza.

El sector agroalimentario es clave para salir de la crisis. Desde las fincas de los agricultores a las mesas de los consumidores, las personas, organizaciones y empresas que forman los sistemas agroalimentarios de la región dan empleo a decenas de millones de personas.

Estos sistemas son responsables de entre el 9 y el 35 por ciento del Producto Interno Bruto de los países de la región, y contribuyen el 25 por ciento de sus exportaciones.

Sin optimizar el aporte de los sistemas agroalimentarios, será mucho más difícil salir de la crisis. Hay un amplio acuerdo de que los sistemas agroalimentarios de la región deben transformarse, de acuerdo con las prioridades y capacidades de cada país.

Esta transformación también es esencial para transitar a una agricultura y sistemas agroalimentarios más sostenibles, resilientes, y adaptados al cambio climático.

Sin ello, no podremos asegurar alimentos inocuos, nutritivos y saludables para toda la población, especialmente para los 267 millones de personas que sufren inseguridad alimentaria.

Tampoco podremos crear condiciones para que los habitantes rurales superen su condición de pobreza, que afecta al 45 % de dicha población.

Los países Miembros de la FAO aprobaron por unanimidad el Marco Estratégico 2022-2031 de la FAO, que llama a respaldar la Agenda 2030 mediante la trasformación hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles, para conseguir una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás.

La Conferencia Regional se celebra cada dos años y reúne a los gobiernos de los 33 Estados Miembros de la FAO en América Latina y el Caribe para establecer las prioridades regionales de la Organización para el próximo bienio.